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viernes, 22 de noviembre de 2013
El Fantasma del 50
martes, 18 de junio de 2013
El fantasma del ascensor
Cuenta la leyenda que el ascensor del edificio Napier en la Universidad de Adelaida se comporta de forma extraña. Hay veces que sus botones no responden y si subes en él de noche el ascensor te llevará a la planta sexta, sea ese o no tu destino…
Sally había recibido un ultimátum de su
profesor, o entregaba esa misma noche el trabajo que llevaba días
posponiendo o suspendería su asignatura. El ritmo de estudio que había
en la Universidad de Adelaida (al sur de Australia) era realmente
muy duro pero ese no era el motivo por el que Sally había descuidado
sus obligaciones. La verdad es que si el ritmo de trabajo era duro el de
las fiestas era frenético, y a pesar de que Sally era una buena
estudiante se estaba dejando guiar excesivamente por un grupo de
“amigas” que la llevaban de borrachera en borrachera.
Su profesor tenía en especial estima a Sally pues había demostrado
sus grandes dotes e inteligencia en el primer ciclo del curso, por este
motivo decidió darle una segunda oportunidad para entregar, o mejor
dicho repetir completamente, su trabajo de fin de curso. Sally estaba
desbordada con esta tarea y llevaba prácticamente dos días sin dormir.
Se mantenía despierta a base de café, y tanta cafeína la mantenía medio
paranoica y muy susceptible.
Eran las tres de la madrugada y tras hacer el último repaso a un trabajo del que estaba realmente
orgullosa salió corriendo por el campus para entregarlo antes de irse a
tomar un merecido descanso. Estaba un poco lejos del colegio mayor
donde residía, en el edificio Napier. Una construcción de forma
rectangular que por alguna extraña razón le provocaba escalofríos al
recorrer sus pasillos. El hecho es que Sally era bastante asustadiza y
la “sobredosis” de cafeína que llevaba en el cuerpo no le ayudaba a
mantener la calma mientras recorría de madrugada el largo corredor de la
sexta planta que llevaba al despacho del profesor.
Al llegar a su destino introdujo por debajo de la puerta del despacho
su trabajo, con la esperanza de que su profesor lo encontrara a la
mañana siguiente y le cambiara su calificación, permitiéndola avanzar a
un nuevo curso. El camino de regreso al ascensor la mantenía medio
paranoica, estaba muerta de miedo mientras caminaba por unos pasillos en
los que no había ni un alma. Cuando de repente…Justo cuando estaba a pocos metros del ascensor apareció la figura de un hombre que salió de una de las puertas del pasillo de enfrente. El hombre con la cara totalmente desencajada avanzaba con un brazo sobre su pecho y otro extendido hacia ella, sus ojos abiertos como platos y una mueca atroz provocaron en Sally tanto miedo que ésta corrió hacia el ascensor y empezó a aporrear los botones como si con este gesto pudiera acelerar la llegada del elevador. Cuando parecía que el hombre la iba a alcanzar y Sally estaba a punto de salir corriendo en dirección contraria (un camino que bien sabía no la llevaría a ningún lado pues no tenía salida) sonó el timbre del ascensor.
De un salto se introdujo en su interior y marcó la planta baja mientras aporreaba el botón que cerraba las puertas, como si de una película de acción se tratase el ascensor se cerró medio segundo antes de que el hombre pudiera sujetar sus puertas y Sally escuchó como golpeaba débilmente el metal que se había cerrado frente a él.
Sally no había corrido tanto en su vida, a gran velocidad cruzó el campus y cerró con llave la puerta de su cuarto. A pesar de su estado de nerviosismo, el cansancio causado por la inesperada carrera y el hecho de que llevara dos días sin dormir provocaron que se derrumbara en la cama y cayera profundamente dormida.
Al día siguiente Sally despertó de mejor humor, recordaba el suceso de la noche anterior pero no le quiso dar mayor importancia. Miró la hora y tras ducharse se dispuso a regresar nuevamente al despacho de su profesor para tratar con él la posibilidad de aprobar la asignatura, estaba casi segura de que cuando viera su excelente trabajo no dudaría en subirle la nota.
Mientras avanzaba por el campus pudo observar un tumulto de gente que se agolpaba junto al edificio Napier, en el que había sufrido el incidente la noche anterior. Al llegar a la zona vio un par de coches patrulla de la policía, una furgoneta y una ambulancia que parecía empezar a abandonar el lugar.
Uno de los amigos de Sally le explicó lo sucedido:
- Parece que esta noche ha muerto el conserje del edificio, el hombre ha sufrido un ataque al corazón y como no había nadie para ayudarle ha muerto mientras trataba de subir al ascensor. Una señora de la limpieza casi se muere del susto cuando al abrir las puertas de la sexta planta su cadáver se ha desplomado a sus pies. Parece que intentó subirse pero este nunca llegó a tiempo y murió apoyado en sus puertas.
Sally se quedó muda, inmediatamente comprendió que aquel hombre que la había asustado la noche anterior no hacía más que pedirle ayuda. Con su último aliento trataba de llegar a ella para que le ayudara, pero ella en su ataque de pánico le había cerrado las puertas en sus narices acabando de esta forma con su única posibilidad de sobrevivir. Estaba asustada y pensativa cuando sintió una mano sobre su hombro.
- Buenos días Sally – dijo su profesor – Espero que no vengas a entregarme el trabajo a estas horas, te dejé bien claro que anoche se cerraba el plazo.
- Buenos días, disculpe que no le hubiera visto, anoche introduje bajo su puerta el trabajo y precisamente venía ahora pare preguntarle que le había parecido.
- ¿Por la noche? ¿Y no viste nada raro? Al parecer han encontrado al conserje muerto en la misma planta en la que está mi despacho.
- La verdad es que cuando yo fui todo estaba vacío y no vi a nadie – dijo Sally con una fingida sonrisa.
- Bueno parece que esta mañana nadie va a
poder entrar en las instalaciones, por lo menos hasta que levanten el
cadáver, así que si te parece bien podemos quedar esta tarde a partir de
las siete en mi despacho para revisar tu trabajo. Antes, me temo que me
será imposible, este triste incidente me ha retrasado mucho en mis
obligaciones.
Sally asintió a su profesor y se dirigió a la cafetería del campus
para desayunar algo. Andaba atontada, como un zombi, su cabeza no paraba
de dar vueltas al suceso de la noche anterior ¿podría haber salvado
la vida de aquel hombre si le hubiera ayudado? ¿cómo podía haber
mentido tan descaradamente al preguntarle su profesor si había visto
algo extraño?Durante el resto del día se reunió con sus amigas para tratar de despejar la mente y olvidar el suceso. Hasta que llegó la tarde…
Faltaban escasos minutos para la cita que tenía con su profesor y Sally se encontraba frente al edificio, los recuerdos nuevamente se agolparon en su mente, más cuando las puertas del ascensor se abrieron frente a ella. Espero un par de minutos deseando que alguien más tuviera que tomar su mismo camino para subir acompañada, pero el edificio nuevamente estaba vacío. Presionó el botón de la sexta planta y observó como se cerraban las puertas, un movimiento familiar que le hizo revivir suceso de la noche anterior.
Instantes después de comenzar a moverse el ascensor, Sally sintió un escalofrío recorrer su espalda, súbitamente su respiración pareció convertirse en humo, como cuando el aliento es exhalado en una fría noche de invierno. Trató de apoyar su espalda en la pared pero le temblaban tanto las piernas que no podía moverse y entonces lo vio…
Reflejado en el metal de la puerta una silueta de hombre parecía acercarse detrás de ella, temblando comenzó a girar la cabeza y por el rabillo del ojo pudo ver una sombra. Justo en ese momento el ascensor se detuvo súbitamente y las luces se apagaron. Sally sintió tanto miedo que no aguantó la presión y se desmayó.
Minutos después una voz conocida la despertó, era un compañero de la universidad que la encontró tumbada en el suelo del ascensor. La ayudó a salir del edificio y la llevó a enfermería donde le diagnosticaron un fuerte estado de shock. Sally nunca más volvería a ser la misma, se volvió retraída y pensativa, abandonó los estudios pues no soportaba la idea de seguir en el campus. Pero nunca reveló su culpa en lo sucedido.
Dicen que desde entonces ese ascensor tiene un comportamiento extraño, sus botones parecen no responder correctamente y es común que los que suben en él por la noche acaben en la sexta planta aunque no fuera ese su destino. Muchos otros han relatado como sentían descender la temperatura rápidamente o como han visto fugazmente por el rabillo del ojo una sombra que nunca estaba cuando se giraban a ver que sucedía.
NOTA: Esta es una dramatización de una leyenda urbana bastante conocida en diversos campus universitarios. Muchas personas se sienten intimidadas, atrapadas o vigiladas cuando viajan en ascensor. En muchas ocasiones parece que el funcionamiento de su maquinaria obedece a extraños impulsos, llevándonos a plantas en las que no hemos presionado el botón y en las que no hay nadie. Así que ya sabes, si cuando viajas solo en un ascensor sientes que alguien te vigila o notas que no te obedece, te aconsejo que te bajes inmediatamente. Tal vez alguien murió en su interior y su espíritu todavía vaga entre sus cuatro paredes.
sábado, 1 de junio de 2013
La Casa de Quinta Lezica
La
historia se desarrolla a principios del Siglo XX. La dueña de casa
actuaba despóticamente con sus sirvientes, en especial con una morenita,
una niña que trabajaba de criada. Una vez, en castigo a su
desobediencia, la pomposa señora decide dejar a la jovencita afuera de
la casa, en una crudísima noche de invierno. Los vecinos sintieron ruido
y quejidos entre la hojarasca durante la noche, pero no prestaron mayor
atención al creer que se trataba de algún perro. A la mañana siguiente
encuentran el cuerpo sin vida de la niña, razón por la que su patrona es
encarcelada y luego pierde completamente la cordura. Cuentan que
incluso hoy en día, si uno pasa frente a la casa en las noches de
invierno, pueden sentirse los lamentos y cómo algo o alguien corre entre
las hojas secas.
Los Fantasmas de Maroñas
La
historia se desarrolla muchos años atrás en la zona de Maroñas, cuando
aún no se soñaba con reformar el lugar y el siglo abandonaba
impertérrito sus primeras décadas.
Cuatro amigos vuelven a pie de un cumpleaños, muy tarde en una noche fría, cuando se topan con la parte posterior del complejo de Maroñas. Cansados, deciden acortar camino saltando el muro y atravesando las instalaciones del hipódromo.
Al avanzar en el camino, la noche comenzó a cerrarse lentamente sobre ellos. Aunque la luna brillaba, las sombras de las añejas instalaciones se alargaban y creaban conos de sombra y figuras fantasmales, entremezclándose con una niebla espesa que hacía difícil cualquier tipo de orientación.
Detrás de esa inmensa nada generada por las sombras y la niebla, oyen un ruido amortiguado y lejano. Intermitentemente, el sonido crecía de intensidad, asemejando unos cascos de caballos. Después de cada silencio súbito, reaparecía lo que ahora era un inequívoco galope, cada vez más fuerte.
Los cuatro amigos, asustados, advirtieron en voz alta al presunto jinete, pero cada vez que alzaban la voz el ruido callaba y surgía en otro lado. De improviso, un espantoso relinchar les heló la sangre, proveniente de un lugar indeterminado y cercano entre los jirones de niebla. El susto fue tan grande que treparon el muro más cercano con la facilidad de medallistas olímpicos, huyendo del hipódromo.
En la calma de sus hogares, dos de los amigos, avergonzados por su pánico irracional y atribuyéndolo a la borrachera de la fiesta, deciden investigar a fondo lo sucedido. Tres noches más tarde juntan el valor para volver a cruzar el muro a la misma hora y comprobar con sus sentidos lo que realmente sucede allí.
Al principio, la calma que reina en Maroñas en aquella noche invernal y neblinosa parece darles la razón, pero un tiempo después vuelve a surgir aquel sordo golpeteo de las herraduras. Esta vez, sin embargo, el ruido creció en violencia e intensidad a un ritmo casi demoníaco. Los cascos de caballos se multiplicaban por todas partes y relinchos salvajes lastimaban los oídos, tan cerca que uno creía posible tocar los caballos y sentir el viento provocado por sus cuerpos. Enloquecidos de miedo, los dos compañeros no atinan a otra cosa que correr desesperadamente sin rumbo alguno, perdiéndose en su camino.
En el colmo de su horror, ciegos por el terror y la noche hermética se topan en el camino con una figura enjuta, que resulta ser el anciano vigilante del lugar. Amablemente, el sereno los tranquiliza y les pregunta qué sucede. Al escuchar la historia poca es la sorpresa del viejo, quien confiesa que ha escuchado los sonidos de los animales innumerables veces a lo largo de los años. Ante su estupor, el anciano narra que se trata de las almas de los caballos que eran gravemente lesionados en las carreras y posteriormente sacrificados por los peones, que los ahogaban en una piscina que ya no existe.
En la noches oscuras, las almas de los equinos reiniciaban la interminable carrera en la que sus cuerpos habían hallado finalmente la muerte.
Cuatro amigos vuelven a pie de un cumpleaños, muy tarde en una noche fría, cuando se topan con la parte posterior del complejo de Maroñas. Cansados, deciden acortar camino saltando el muro y atravesando las instalaciones del hipódromo.
Al avanzar en el camino, la noche comenzó a cerrarse lentamente sobre ellos. Aunque la luna brillaba, las sombras de las añejas instalaciones se alargaban y creaban conos de sombra y figuras fantasmales, entremezclándose con una niebla espesa que hacía difícil cualquier tipo de orientación.
Detrás de esa inmensa nada generada por las sombras y la niebla, oyen un ruido amortiguado y lejano. Intermitentemente, el sonido crecía de intensidad, asemejando unos cascos de caballos. Después de cada silencio súbito, reaparecía lo que ahora era un inequívoco galope, cada vez más fuerte.
Los cuatro amigos, asustados, advirtieron en voz alta al presunto jinete, pero cada vez que alzaban la voz el ruido callaba y surgía en otro lado. De improviso, un espantoso relinchar les heló la sangre, proveniente de un lugar indeterminado y cercano entre los jirones de niebla. El susto fue tan grande que treparon el muro más cercano con la facilidad de medallistas olímpicos, huyendo del hipódromo.
En la calma de sus hogares, dos de los amigos, avergonzados por su pánico irracional y atribuyéndolo a la borrachera de la fiesta, deciden investigar a fondo lo sucedido. Tres noches más tarde juntan el valor para volver a cruzar el muro a la misma hora y comprobar con sus sentidos lo que realmente sucede allí.
Al principio, la calma que reina en Maroñas en aquella noche invernal y neblinosa parece darles la razón, pero un tiempo después vuelve a surgir aquel sordo golpeteo de las herraduras. Esta vez, sin embargo, el ruido creció en violencia e intensidad a un ritmo casi demoníaco. Los cascos de caballos se multiplicaban por todas partes y relinchos salvajes lastimaban los oídos, tan cerca que uno creía posible tocar los caballos y sentir el viento provocado por sus cuerpos. Enloquecidos de miedo, los dos compañeros no atinan a otra cosa que correr desesperadamente sin rumbo alguno, perdiéndose en su camino.
En el colmo de su horror, ciegos por el terror y la noche hermética se topan en el camino con una figura enjuta, que resulta ser el anciano vigilante del lugar. Amablemente, el sereno los tranquiliza y les pregunta qué sucede. Al escuchar la historia poca es la sorpresa del viejo, quien confiesa que ha escuchado los sonidos de los animales innumerables veces a lo largo de los años. Ante su estupor, el anciano narra que se trata de las almas de los caballos que eran gravemente lesionados en las carreras y posteriormente sacrificados por los peones, que los ahogaban en una piscina que ya no existe.
En la noches oscuras, las almas de los equinos reiniciaban la interminable carrera en la que sus cuerpos habían hallado finalmente la muerte.
Fantasmas
Los fantasmas muchas veces son sólo imágenes holográficas de personas que dejaron impregnado el ambiente con su prescencia y sus actividades. Los investigadores más osados han logrado descubrir medios tecnológicos para contactarse con ellos, mediante las psicofonías y las psicoimágenes que son captadas por equipos de radio, televisión e incluso computadoras.
Menos común es la existencia de entes y fantasmas que no son sólo imágenes, ya que se manifiestan atacando y dañando a los testigos indefensos. A veces, jugar con el Más Allá puede tener sus peligros ya que se está expuesto a fuerzas desconocidas.
La muerte parece no ser el final para algunas personas y gracias a la tecnología de este último siglo se han conseguido imágenes y pruebas de algo poco creíble para muchos. Tal vez, mientras usted lee esto, en alguna parte oscura de su hogar alguien fuera de este mundo puede estar observándolo.
Si no lo cree, observe las imágenes, lea los relatos que hay a continuación y saque sus propias conclusiones. Ellos pueden estar allí, junto a usted.
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