Se
trata de un objeto realizado en cristal de roca encontrado en Heluan,
Egipto, concretamente en la tumba del faraón Semempses. El objeto se
considera actualmente como una lupa y está expuesto en el Museo
Británico. Es una lupa de perfección absoluta y se cree que se utilizaba
para observar el cielo, pero en lugar de ofrecer respuestas, ofrece
muchas preguntas.
La lente tiene una perfección inédita para la época
Si
el faraón Semempses, llegó a idear instrumentos para ampliar la imagen
como en telescopios o microscopios, se trataría de una proeza increíble.
Y lo sería no sólo por la perfección que se necesita para conseguir una
lente operativa, sino también por lo necesario para pulir el cristal,
el oxido de cerio, que no se descubrió hasta 1803 por el alemán Jakos
Berzelius.
En
el complejo arqueológico de Angkor Wat (capital templo), próximo a la
ciudad de Siem Riep, se puede observar sobre uno de los muros la figura
labrada de un animal familiarmente conocida por los aficionados a los
dinosaurios, el Stegosaurio. El conjunto de construcciones se inició a
principios del siglo XII y no fue hasta bien entrado el siglo XVI que
Angkor Wat comenzó a caer en el más completo de los olvidos. No se
entiende como los antiguos pobladores de Angkor plasmaron la imagen de
un animal extinguido hace millones de años que solo la ciencia del siglo
XX ha logrado recuperar.
Imagen del presunto Stegosauro y su ubicación en el pilar
Los
magníficos templos de la selva de Camboya fueron construidos por la
civilización Khmer, siglos VIII al XIV de nuestra era, uno de los más
grandes constructores de este imperio fue Jayavarman VII, coronado rey
supremo en 1181. Muchas de sus construcciones fueron redescubiertas
siglos después y rehabilitadas, otras en cambio como en el caso del
templo de Ta Prohm, uno de los más pintorescos, se dejo intacto. En una
de las esquinas a la entrada del templo hay una columna cubierta con
círculos decorativos, en los que se puede apreciar la forma de
Stegosaurio. Cientos de círculos de piedra decorativa rodean el complejo
con animales conocidos como monos, venados, búfalos de agua, loros. Lo
extraño de todo esto es que los talladores de estos relieves del siglo X
reprodujeron Stegosaurios extintos hace más de 65 millones de años con
la misma precisión que los monos, búfalos, ciervos y otras especies
presentes en la época.
La Isla de las Muñecas México supera a muchos casos relacionados con objetos poseídos. En un artículo anterior ya comentamos más profundamente la isla de las muñecas,
situado justo al sur de la Ciudad de México, hay una pequeña isla con
muñecas antiguas, mutiladas colgando de los árboles. La historia dice
que Don Julián Santana se mudó a la isla como un ermitaño y fue
perseguido por el espíritu de una niña que se ahogó. Santana sacaba las
muñecas que encontraba en el canal y las colgaba como un santuario para
que el espíritu de la niña que parecía estar obsesionada. El sobrino de
Don Julián lo encontró muerto en la isla en el mismo sitio donde la niña
había muerto ahogada. La isla es ahora una atracción turística, y los
visitantes dicen escuchar las muñecas susurrando, además de afirmar que
los ojos de las muñecas se abren y se cierran misteriosamente.
La casa de las muñecas
En
2010, la escritora y profesora de psicología/sociología Lisa Marcelino
escribió un artículo en The Examiner, donde decía que ella estaba
conduciendo a través de Englishtown, Nueva Jersey, cuando vio una vieja
casa de muñecas de dos pisos en una venta de objetos de segunda mano en
el jardín de una casa. Compró la casa de muñecas y se la llevó a su casa
en Nueva York, donde ella la limpió y la pintó con la intención de
restaurarla. Al día siguiente, ella y su marido se fueron a una tienda
de arte para comprar los materiales necesarios, ella enfermó repentinamnente
y gravemente teniendo que regresar a casa. Al día siguiente, invitaron a
unos amigos a su casa, y sin ninguna razón aparente, los invitados
comenzaron a discutir, no siendo una conducta normal en ellos. Las
desgracias continuaron los días posteriores, un cuadro colgado encima de
la casa de muñecas continuamente se caía, su conejo enano murió
misteriosamente y el perro de la familia ladraba a la casa de muñecas
sin ninguna razón. La pareja empezó a oír ruidos inexplicables en
la noche, extraños sudores nocturnos y su marido parecía estar
deprimido constantemente. Decidieron dejar en la acera la casa de
muñecas donde alguien inmediatamente lo recogió y su casa volvió a su
estado de paz.
Una de las
historias más populares es el del de muñeco Robert the Doll. El muñeco
perteneció a un niño llamado Robert “Eugene” Otto de Key West, Florida,
en 1906. Fue un regalo de una criada africana que trabajaba para su
familia. La criada, que se cree que practicaba magia negra, no estaba
contenta con la familia de Eugene y puso una maldición sobre el muñeco
que se llamo Robert. No mucho tiempo después de haber recibido el
muñeco, los padres de Eugene le oyeron hablar con el muñeco Robert, que
incluso hablaba con una voz diferente. El niño culpaba
al muñeco Robert de tirar los muebles al suelo, y los vecinos afirmaban
que pasaba de una ventana a otra e incluso se le oía reír. Después de la
muerte de Eugene en 1974, una nueva familia se mudó a la casa y
descubrió que el muñeco Robert se había quedado en el ático. La nueva
familia entregó el muñeco Robert a su hija, quien afirmaba que el muñeco
realmente cobraba vida y le atacaba por la noche, incluso estaba
convencida de que el muñeco intentaba matarla. En este caso, el muñeco
no parecía estar conectado sólo a Eugene, pero si que tenia un poder
sobrenatural.
La
leyenda urbana cuenta que en los años 70 había una niña de 14 años que
estaba en fase terminal de cáncer de boca. Los médicos ya habían
arrancado todas las esperanzas de la familia en relación a la cura de la
niña, así que la madre de la niña, Ikaka Shimizu , desesperada,
acudió a todas iglesias y cultos, pero al no obtener resultado se
inició en el ocultismo y satanismo, para al final, hacer un pacto con
el diablo. Presentó la niña al diablo para que curase a su hija,
le hizo una promesa de fabricar una marca que fuese famosa en todo el
mundo, el diablo cumplió su parte y la madre también. Creó a Hello
Kitty. La palabra hello en ingles significa hola, y la palabra
kitty de origen chino significa demonio, entonces Hello kitty
significaría. “Hola Demonio”. Otra curiosidad es que hello kitty no tiene boca debido al caso de cáncer en la boca de la hija de su diseñadora
Colón
y su tripulación bien pudieron haber navegado sabiendo perfectamente
hacia qué lugar se dirigían utilizando los mapas del otomano, ya que hay
ciertos hechos que vinculan a Cristobal Colón con Piri Reis. Por
contener aparentes representaciones de tierras entonces desconocidas y a
raíz de los propios escritos de Reis indicando que sus fuentes habían
sido “los antiguos reyes del mar”, ha suscitado gran interés como enigma y se le suele considerar un oopart. El original se conserva en el Museo Topkapi Sarayi de Estambul pero no suele estar expuesto al público.
El género de terror, sobre todo satanismo y espiritismo, estuvo de
máxima actualidad en el cine allá por los años 70 y 80. "Poltergeist" es
una de los grandes exponentes del género. Estrenada en 1982 pronto se
convirtió en un éxito de taquilla y en una de las películas de terror
más exitosas de todos los tiempos. Posteriormente se rodaron la segunda y
la tercera parte, que siguieron con una sucesión de muertes repentinas y
en extrañas circunstancias iniciada con la primera entrega. La
cadena de muertes acaecida en "Poltergeist" se inicia con la de
Dominique Dune (Dana Freeling), una de las hermanas de la pequeña
protagonista "abducida" por el televisor. Poco tiempo después del
estreno de la película, Dominique fue estrangulada brutalmente por su
novio a la puerta de la casa que ambos habían compartido, malogrando una
prometedora carrera en Hollywood. Años más tarde de este suceso se
comenzó a grabar la segunda parte de la saga, "Poltergeist II". Al
terminar el rodaje dos de los actores sufrieron sendas muertes
repentinas. Julian Beck, que interpretaba al maléfico sacerdote Henrry
Kane, fue ingresado a las pocas semanas de terminar el rodaje y murió de
un cáncer de estómago fulminante. También el actor de origen indio Will
Sampson, que interpretaba a un chamán (antítesis del nombrado
reverendo) enviado para ayudar a la familia, sufrió complicaciones
post-operatorias tras un trasplante de corazón y falleció en el
hospital. La última parte protagonizó la muerte más extraña. Heather
O'Rourke, la pequeña niña de ojos azules y cabellos dorados que
"hablaba" con los espíritus, murió con tan sólo 12 años de edad sin ver
estrenada la película. Heather ingresó en el hospital con una afección
que no supieron diagnosticar a tiempo y murió de una estenosis
intestinal.
Uno de los filmes que incursionó en el tema satánico y
que aún hoy es considerado un clásico del género es "El exorcista"
dirigido por William Friedkin. Lo que sus realizadores no sabían es que
se estaban metiendo con fuerzas que van más allá de su comprensión y
atrajeron la desgracia sobre ellos. Una parte de la película cuenta
como en una excavación arqueológica en un desierto indeterminado de
oriente, se desentierra una imagen del demonio Pazuzu, el que al ser
llevado a occidente desencadena la tragedia. La escena se rodó en unos
parajes desérticos de Oriente Medio y justo allí murieron
inexplicablemente cuatro trabajadores contratados para la filmación,
además de que ocurrieran contratiempos y extrañas situaciones que
obligaron a reducir el tiempo de filmación en el lugar y regresar antes
de lo previsto. Un camarógrafo terminaba de envolver una parte de la
cinta que acababa de filmar cuando murió súbitamente de un ataque
cardiaco. Y también el actor que interpreta al hombre al que Regan dice
que morirá en la cinta, murió tras un extraño accidente en el set. El
abuelo de la protagonista, la actriz Linda Blair, y el hermano del
también actor Max Von Sydow, fallecieron al poco de comenzar a rodar,
marcando trágicamente a los actores. Pasadas unas semanas Jason Miller,
que interpreta al padre Karras, casi pierde a su hijo en un accidente de
moto. Jack McGowran, quien interpretaba a Burke Dennings, falleció días después de filmar la muerte de su personaje en la película. Un
guardia nocturno del set, y un miembro del staff que refrigeraban el
cuarto usado en las escenas del exorcismo, además del bebé recién nacido
de un camarógrafo, son parte también de las muertes inexplicables
ligadas a la cinta. Hubo por otro lado una serie de extraños
incidentes, como metros de película filmada que desaparecieron, una
figura del demonio que de camino a Irak se perdió y reapareció
misteriosamente en Hong Kong, entre otras cosas que contribuyeron a la
fama de esta cinta. Existieron conductas raras y de pánico por parte
del elenco y el equipo de filmación, durante el rodaje. Las entrevistas y
detrás de cámaras de los que participaron en la cinta muestran que la
realización de El Exorcista fue una experiencia bastante macabra. Otro
suceso inexplicable es que un set se incendió una noche en la que nadie
estaba ahí y el misterio aún continúa, pues no se encontró ninguna
causa del incendio. Pero el halo de misterio y las desgracias no fue
exclusivo de la primer parte sino que persistió en las secuelas: El
exorcista II y El exorcista III. Durante la filmación de El Exorcista
II, el director recibió amenazas de distintos grupos de adoradores de
Satán y la protagonista Linda Blair sufrió un intento de asesinato que
se trató de ocultar a la prensa.
Un objeto maldito es algo que puede
comprenderse de las siguientes formas: o bien como un objeto que
simplemente atrae mala energía; o ya, en sentido estricto, como un
objeto que atrae mala energía y está ligado a una maldición concreta. Un
aspecto muy importante es si el objeto ha sido o no infestado, pudiendo
esa infestación ser ejercida por un ente astral sin conciencia (una
larva astral, por ejemplo), o por un espectro consciente, o inclusive
por un demonio… En todo caso, la intensidad de la mala energía atraída
por el objeto, puede ir desde manifestarse en la simple “mala suerte”,
hasta manifestarse en la muerte de quien posee el objeto, ocurriendo
esto último prácticamente siempre en objetos que han recibido una
maldición concreta.
Existen diversos criterios para
clasificar a los objetos malditos. Uno de ellos es el carácter
individual o el carácter genérico del objeto: de ese modo, el auto de
James Dean pertenecería a la primera clase, mientras que las estatuillas
de Satanás y los muñecos de vudú a la segunda clase. Otro criterio de
clasificación, muy usado por los versados en el tema, es el de objetos
que sufrieron una maldición por ser usados en magia negra, y el de
aquellos que no participaron en forma alguna de magia pero están
vinculados a un espíritu.
En el primer caso, el practicante de
magia negra establece deliberadamente una maldición sobre el objeto.
Aquí siempre la maldición busca perjudicar a una persona o a un grupo de
personas. Generalmente ocurre lo primero, y en tal caso el practicante
de magia negra suele buscar un objeto que, a partir de un vínculo con el
blanco de la maldición, sea propicio para detentar la maldición. El
ejemplo paradigmático es el muñeco de vudú, pues el hechicero busca
siempre cabellos, restos de uñas, sangre, pelo o algún otro elemento que
sirva como puente energético, tal y como puede ser un anillo
(suponiendo que lo consiga) o algún otro objeto que la víctima pensada
use con frecuencia. Teóricamente, el o los elementos usados como puente
energético entre la representación (muñeco) y lo representado (persona),
estarán ligados astralmente con la persona, por lo cual, en conjunción
con el proceso a seguir (pasos del ritual, visualizaciones), permitirán
que lo enviado al muñeco termine llegándole, en mayor o menor medida, a
la persona destinataria de la maldición… Ahora bien: ¿de qué forma esto
hará que el muñeco de vudú sea un objeto maldito en general y no solo
para la persona destinataria de la maldición? La explicación está en que
prácticamente siempre hay espíritus o demonios que ayudan al hechicero
en el proceso, y que para tal propósito colocan sus energías en el
muñeco, de modo que éste sigue representando un imán de calamidades para
quienquiera que lo tenga cerca.
En el segundo caso, el de los objetos
que no han participado en magia negra pero están ligados a una entidad
espiritual negativa (un mal espíritu o un demonio), vemos que por lo
general ese vínculo (entre el objeto y la entidad) se ha producido
porque, antes de que existiese, el objeto ya tenía malas energías
(energías de los bajos planos astrales), las cuales resultaban
atractivas para la entidad. Esto suele darse cuando el objeto ha
permanecido mucho tiempo en lugares repletos de vibraciones espirituales
oscuras, tales como sitios de culto satánico, lugares donde se hacía
magia negra, casas encantadas, etc. Pero también, aunque el objeto no
haya permanecido en ese tipo de lugares, puede terminar siendo infestado
por haber estado muy vinculado a alguien que fue poseído o perseguido
por demonios o por espíritus malvados. Sin embargo, las anteriores no
son las únicas posibilidades. Podríamos, por ejemplo, imaginar el caso
de un asesino serial que mataba siempre con el mismo cuchillo, dejándolo
tan impregnado con su energía que éste se vinculó con el asesino al
punto de que luego de su muerte, el cuchillo se transformó en un
potencial imán de su presencia, y de crímenes semejantes en quien
deviniese en su nuevo dueño. En cuanto a casos reales, se sabe de
familias que viajaron y trajeron figurillas que se usaban en cultos
paganos donde se invocaban espíritus: así, al dejar las figurillas en
sus hogares, éstas terminaron por desatar actividad paranormal vinculada
a los espíritus con cuyas invocaciones estuvieron asociadas. Y es que, y
es preciso aclararlo, no es necesario que la entidad representada por
la figurilla sea real: basta con que se emplee la figurilla en
actividades de invocación, pues esto funciona como un imán para
espíritus malos o poco evolucionados.
Cosa aparte es cómo deshacerse de un
objeto maldito, ya que: si se lo bota o se lo deja en otro lugar, muy
probablemente el objeto regresará misteriosamente, o si tenía un
espíritu vinculado, es bastante posible que el espíritu no se vaya; si
se lo quema, o bien no se quema bien y sigue influyendo, o bien su
efecto no cesa del todo, al menos por cierto tiempo. Por eso, el
demonólogo Lou Gentile recomienda tomar el objeto, adjuntarle una nota
que explique el problema, y depositarlo a las puertas de alguna iglesia,
preferiblemente evangélica, pues los evangélicos suelen dar más
importancia a estos asuntos que los católicos.
6. En 1878 es hallada en Chipre, una reliquia arqueológica conocida
como la mujer de Lem o la Diosa de la Muerte, que data de 1500 a.C. El
primer propietario es un coleccionista británico, Lord Elfon, cuya
familia directa muere en 4 años. Es vendida a un millonario londinense y
en 4 años la mayor parte de su familia directa, incluida mujer e hijo
mueren. Luego pasa a la familia de Lord Thompson Noel, quienes en 4 años
mueren, y la estatua comienza a coger la fama de maldita y es donada al
museo de Edimburgo, donde curiosamente el encargado muere a los pocos
meses.
5. Conocido como el Diamante Job, se hablan de alrededor de 20
muertes por su causa. Los babilónicos, persas, egipcios e incluso los
griegos no querían saber nada de diamantes porque decían que provenían
del mismo infierno y que su maldad todavía se encontraba guardada dentro
de ellos. Debemos mencionar que Lucifer tenía un diamante en su frente,
y posiblemente de ahí proviene esta creencia. Este diamante es
encontrado en la India, y es puesto inmediatamente en la frente de uno
de los ídolos hindúes. Se dice que su primer propietario lo robo al
sentirse hechizado por esta piedra, pero al ser atrapado muere
torturado. En 1642 aparece en Europa cuando es llevado por un
contrabandista francés, quien lo vende y se compra un título nobiliario y
un castillo, pero su hijo acaba con su fortuna, y al volver a la India,
el contrabandista es devorado por una jauría de perros. Luego el
diamante cae en manos del rey Luis XIV de Francia, quien lo manda a
tallar pasando de tener 114 quilates a 67 quilates. El rey muere a raíz
de una dolorosa agonía y varios miembros de la realeza que lo habían
tenido en su poder también mueren. Luis XVI y su esposa María Antonieta,
no creían en ninguna de estas historias, pero justo después que en una
de esas grandes fiestas es usada por María Antonieta, la pareja es
guillotinada. El diamante desaparece hasta 1830, cuando un joyero
francés lo adquiere y se hace obseso de ella, hasta que una noche se
suicida. Henry Thomas Job, un banquero irlandés, adquiere esta joya, le
manda a ser un exorcismo, y luego se la vende a un sultán turco llamado
Abdul Jamil, salvándose de esta maldición. El sultán se la regala a su
esposa, luego la asesina y muere arruinado. Actualmente se encuentra en
museo dentro de una urna en Washington para evitar que se cobre más
victimas.
4. Fue en 1525, desesperado por el saqueo el cual su iglesia estaba
siendo víctima por las tribus de los clanes escoceses, el arzobispo de
Glasgow escribió una maldición en un documento. Pero el problema
comienza en el 2001, cuando se hace un monumento copiando el documento
en una piedra que es exhibida en una localidad de Escocia. Esta
localidad vivía del ganado porcino, y en cuanto el monumento es puesto,
se desata una epidemia que termina con los cerdos de la localidad.
También se habla de un incendio e inundación que se lleva toda la
agricultura del pueblo, así como los jardines y una gran parte del
material urbano. El equipo de futbol desde ese entonces no marca ni un
gol y desciende de categoría, así como crímenes violentos y
acontecimientos que jamás habían ocurrido. Las dos industrias
sobrevivientes cierran y dejan en paro a quienes trabajaban en ella. Se
propone la destrucción de la piedra, pero los miembros del ayuntamiento
no lo permiten, alegando que sería tanto como aceptar en la
superstición. En la localidad aparece el mago y personaje televisivo Uri
Geller, ofreciendo llevarse la piedra a su finca para hacerle un
exorcismo, pero aún no se ha decidido nada.
3. Hubo otro carro que se dice que en sus asientos se produjo el
germen de la Primera Guerra Mundial, y ha quedado desde entonces con el
sello de maldito. Fue el 28 de Junio de 1914, cuando muere asesinado el
archiduque Francisco Fernando y su esposa en un atentado. Seis de sus
siguientes propietarios murieron al volante. El carro fue a parar al
museo de Viena, siendo un verdadero imán para las bombas aliadas.
2. Otro caso no menos trágico es el del tristemente famoso “Pequeño
Bastardo” de James Dean. A raíz de la muerte de su madre, teniendo 11
años de edad se va a vivir con sus tías. Se hace un muchacho tímido y a
la vez rebelde. Luego de filmar algunas películas y de hacer propagandas
televisivas compra un carro al que llama “Pequeño Bastardo”. Corriendo
su carro muere, quedando el vehículo completamente destruido. Josh
Barrich compra gran parte de lo que se había podido recuperar del carro,
pero cuando está siendo trasladado, se desata y le destruye las piernas
a su propietario. Los dos neumáticos que son puestos en otro carro de
carreras, estallan cuando el carro está en marcha, dejando al
automovilista varios días en coma, pero logra salvarse. Un médico compra
el motor para un carro de carreras, sufriendo un terrible accidente
donde muere. En aquella misma carrera otro carro llevaba el eje de
transmisión del “Pequeño Bastardo”, que se accidenta muriendo el
conductor. La carrocería y el chasis quedan tan destrozados que son
exhibidos como una muestra de lo que puede ocurrir si se conduce a
exceso de velocidad. El chasis y la carrocería se desprenden del soporte
cayendo encima de un chico a quien le rompe la cadera. Cuando es
trasladado a un camión remolque hasta Nueva Orleans, el camión choca con
un carro, cuyo conductor sale despedido de su vehículo, con tan mala
suerte que cae debajo de la carrocería del “Pequeño Bastardo”. Esa misma
carrocería en otra ocasión hiere a varias personas en un almacén donde estaba siendo exhibido.
1. En los años 70, era muy común decorar las casas con cuadros de
niños que lloran. El pintor de estos cuadros era un personaje misterioso
llamado Bruno Amadio. Por un lado se dice que era italiano, ya que
había firmado en sus cuadros como Giovanni Brangolin. La historia
cuenta, que Amadio le vendió su alma al diablo para que sus pinturas
tuvieran aceptación social. Bruno Amadio, había pintado a estos niños de
un orfanato que a los pocos días de incendió cobrándose las vidas de
estos diez pequeños. Muchos testimonios afirman que las casas donde
estos cuadros han llegado han sido víctimas de tragedias, especialmente
incendios, siendo estos cuadros rescatados intactos. Un forense
estadounidense que analizó estos cuadros llegó a la conclusión que estas
pinturas habían sido los retratos de los cadáveres de estos niños, lo
que nos lleva a concluir que los niños habían muerto antes del incendio.
La canción Gloomy Sunday fue compuesta por el pianista y compositornacer la
leyenda con 17 suicidios en Hungría, más de 100 (el número es
discutido) en Estados Unidos y unos cuantos en países como Inglaterra,
Italia o Alemania.
húngaro Rezső Seress en 1933. Sin embargo, en la versión que llegó a
publicarse ese mismo año, la letra original de Seress fue reemplazada
por una letra del poeta (también húngaro) László Jávor. Fue esta la
versión la que hizo
La canción, romántica, melancólica y
vinculada a la muerte, narra la historia de una amante que pierde a su
gran amor y se plantea unirse a él en la muerte. La versión de Sam M.
Lewis, era realmente intensa y poética, capaz de inspirar pensamientos suicidas en quien estuviese sumido en la depresión o tuviese una propensión
innata al suicidio. No obstante la gran cantidad de muertes a las que
se asoció es algo que despertó y aún despierta en muchos el asombro y
la duda que continúan alimentando la leyenda de ésta canción que fue
prohibida en emisoras estadounidenses y húngaras, que inspiró
investigaciones parapsicológicas en Francia y que fue incluso prohibida
por la BBC de Londrés.
. Suicidios y prohibición en Hungría
Antes de que la canción terminase
prohibiéndose en Hungría, unos diecisiete casos de suicidio se habían
dado: todos estaban vinculados a la canción.
Entre esos casos estuvo el de la ex
novia de László Jávor. Dicen que Jávor se había inspirado en ella para
escribir la canción, pero seguramente nunca pensó que la chica acabaría
quitándose la vida dejando una nota en la que se leía el título de su
canción: ‹‹Szomorú vasárnap›› (“Triste domingo” en húngaro)…
Otro caso alarmante fue el de dos personas que se dispararon simplemente por escuchar a una banda de gitanos tocar la melodía, o el de cierto hombre que entró a un club nocturno, pidió a la banda que interprete Gloomy Sunday
y después, sumido en la melancolía, salió y se reventó la cabeza de un
disparo. De entre los demás suicidas, se cuenta que algunos se tiraron
al Danubio tras oír la canción, o bien simplemente sus cuerpos fueron
encontrados sin vida, junto a las partituras de la canción, junto a
notas en las que se hacía referencia a la canción, o junto al gramófono
encendido, tocando Gloomy Sunday como música de fondo.
Tras todos esos casos la Policía de Budapest (capital de Hungría) terminó por prohibir la canción.
. La “canción húngara del suicidio” llega a Estados Unidos
Antes de publicarse en EEUU la canción
ya había llegado a Rusia en 1935. En el año 1936, así como en Estados
Unidos, la canción apareció en Francia, en Japón e Inglaterra.
La primera versión que apareció en USA
era la de Sam M. Lewis, quien al traducir y editar la letra de la
canción había incorporado una última estrofa para suavizarla. Un último
fragmento en el que la desesperante situación inicial que narraba la
cantante aparecía como un simple pero atormentador Billie Holiday, que vio la luz en 1941, y a la cual se le atribuye haber popularizado la canción.
sueño. Esta versión fue grabada exactamente en marzo de 1936, con la
colaboración de Hal Kemp y el vocalista Bob Allen. Tras esa versión
siguieron muchas otras como la de Paul Whiteman, la de Artie Shaw y
Pauline Byrns, y la más conocida versión de la cantante de jazz
Como es de suponer, antes de que la canción llegara a Estados Unidos ya se sabía de los suicidios en Hungría y, cuando Gloomy Sunday
surgió en EEUU, los suicidios empezaron a darse y rápidamente la
canción fue conocida como “la canción húngara del suicidio”. En este
marco, muchos creen que el éxito de la versión de Billie Holliday
estuvo ligado al oscuro poder que se le atribuía a la canción, ya que,
según cuentan, la versión de Billie Holliday tenía algo hipnotizante
que, en el caso de los amantes afligidos que la oían, surtía un efecto
tan intenso que incitaba a buscar en la muerte el alivio a las penas de
esta vida.
Finalmente, tal y como puede
constatarse en una nota del New York Times, la canción fue prohibida en
algunas emisoras de radio y clubes nocturnos.
. Aniquilado por su propia creación
Muchos piensan que Gloomy Sunday
trajo sufrimiento a Rezső Seress porque, si bien fue la obra que lo
lanzó a la fama y lo inmortalizó, nunca la pudo superar. Ya que después
de ese éxito no pudo crear nada que tan siquiera estuviese cerca de
igualar a Gloomy Sunday. Se cree que esto pudo influir en el
suicidio de Rezső Seress a sus 69 años. Algunos aseguraban que su
muerte era sólo un rumor, pero una noticia del New York Times publicada
el 13 de enero de 1968 confirmando su muerte eliminó toda duda, además
de expresar que Rezső Seress se sentía desdichado en gran parte porque
no había creado otro éxito desde Gloomy Sunday, afirma que él había elegido un día domingo para encontrarse con la muerte tras saltar por la ventana de su apartamento…
Cuando Rezső Seress se suicidó la fama de Gloomy Sunday se había debilitado bastante; pero la muerte de su creador, relanzó e inmortalizó la fama de su obra.
. Una leyenda inmortal
Ciertos investigadores han sugerido que los suicidios asociados a Gloomy Sunday no tenían nada que ver con un poder enigmático o paranormal sino con situaciones sociales, económicas y culturales.
En Estados Unidos, donde la mayoría de
los suicidios ocurrieron durante los años treinta, se ha sugerido que
en realidad la causa de fondo era la depresión emocional que la gran
crisis económica de aquel entonces generaba en muchos individuos. Y es
que, como ya han demostrado las estadísticas y las investigaciones
sociológicas, en épocas de crisis económicas el índice de suicidios
aumenta considerablemente. De ese modo, Gloomy Sunday habría
sido únicamente un factor mas, un elemento intencionalmente buscado o
encontrado por casualidad por individuos deprimidos a los que la
canción habría afectado aumentando esa depresión y hundiéndolos o
dándoles el valor de suicidarse.
En Hungría habría ocurrido lo mismo, ya
que en la época de los suicidios, estaba sufriendo los vestigios de la
revolución comunista que llegó después de la Primera Guerra Mundial.
Sin embargo en el caso de Hungría existía, y aún existe, una tendencia
hacia el suicidio culturalmente acentuada. El psiquiatra Dr Bela Buda
afirmó lo siguiente: “En el inconsciente social es un patrón
positivo para la resolución de problemas, es una fórmula que es
actualizada en tiempos de crisis porque todos han tenido experiencias
con otras personas que han cometido suicidio y que no han sido juzgadas
como fracasadas sino como gente valiente capaz de reivindicar su
autoestima y dignidad a través de este acto heroico y desesperado”
Todo lo anterior
esclarece un poco las causas de fondo de los hechos de la leyenda, pero
nunca será suficiente para explicar casos como el del niño italiano que
tras oír la canción dio todo su dinero a un mendigo y se suicidó, o el
de las dos personas que súbitamente se dispararon tras escuchar agitanos
tocando la canción en la calle. Además, quedan flotando en el aire unas
preguntas que rigen para muchos de los otros casos en los cuales ha
habido en el suicida una crisis de depresión asociada a problemas
sentimentales y/o económicos: ¿se habrían suicidado tarde o temprano
sin oír Gloomy Sunday?, ¿habrían podido otras canciones moverlos al suicidio? Y ya a nivel general: ¿por qué fue específicamente Gloomy Sunday y no otra canción triste (habiendo tantas) la que apareció ligada a los suicidios iniciales de Hungría?
Tal vezGloomy Sunday es solo un caso similar a Las desventuras del joven Werther (novela alemana que inspiró varios suicidios) pero en el ámbito de la música, o tal vez
es una canción cuyo poder deprimente tiene realmente algo o mucho de
misterio. Sea cuál sea la respuesta, aquí le dejamos al lector la
versión subtitulada de Billie Holiday (aunque una aún más triste es la de Sarah McLachlan). Les recomiendo que no la escuchen si están especialmente deprimidos o tienen problemas sentimentales, no vaya a ser que se sumen a la larga
lista de suicidios que se le atribuyen a la canción:
No cabe duda de que la película El exorcista puso de
actualidad en el mundo entero el tema del satanismo, las posesiones
diabólicas y los exorcismos, porque
si bien anteriormente ya se daba el fenómeno y se utilizaba el viejo
rito del exorcismo, nunca hasta entonces se habló tanto de ello. En
efecto, hemos de reconocer
que gracias a la publicación de la novela y a la realización del filme,
William Peter Blatty ha conseguido que las personas se interesen por
este tipo de extraños
fenómenos, y que la ciencia se fije un poco más en ellos, los
investigue y los analice. Tras la publicación de la novela El exorcista,
ante la insistente
demanda por parte del público de más detalles y pormenores sobre el
tema, se escribió el guión de la película del mismo nombrey se estrenó
en
1973.
A continuación transcribimos los puntos más importantes relativos a
cómo y por qué William Peter Blatty se interesó e investigó sobre
este oscuro y misterioso tema de las posesiones. Corría el año 1949
cuando William Peter Blatty, estudiante en la Universidad de Georgetown,
en Washington, DC, leyó el
siguiente relato en el numero del 20 de agosto de The Washington Post:
“Ha sido quizás una de las más notables experiencias de su clase en la
reciente historia
de la religión. Un muchacho de catorce años, de Mount Rainier, fue
liberado de la posesión diabólica por un sacerdote católico, según
información recibida ayer. Se dijo que, sólo después de 20 o 30
sesiones del antiguo rito del exorcismo, aquí y en Saint Louis, fue, por
fin expulsado
del muchacho el demonio. Salvo en las 3 últimas sesiones, el muchacho
caía en un violento delirio de gritos, maldíciones y frases pronunciadas
en latín
(lengua que nunca había estudiado), cada vez que el sacerdote llegaba a
los puntos culminantes del ritual de 27 páginas en que ordenaba al
demonio que saliese del
muchacho. Absolutamente entregado a su tarea, el sacerdote permaneció
dos meses con el chico, durante los cuales presenció manifestaciones
tales como la de la cama
cruzando la estancia mientras dormía el muchacho. Un pastor protestante
de Washington informó con anterioridad que había presenciado
personalmente manifestaciones
similares, como una vez en que el jergón donde dormía el chico se
deslizó despacio sobre el suelo, hasta que el muchacho se dio de cabeza
contra una cama,
despertándose. En otra ocasión, referida por el pastor protestante, un
pesado sillón en que estaba sentado el muchacho, con las rodillas
encogidas debajo del
mentón, se inclinó lentamente a un lado y se volcó, arrojando al chico
al suelo. El último exorcismo, durante el cual el diablo fue expulsado
del muchacho,
se celebró, según se informa, en el mes de mayo, y desde entonces, no
se han producido nuevas manifestaciones. El
ritual del exorcismo, en su forma actual, se remonta a 1.500 años de
antiguedad, y desde entonces hasta Jesucristo. Pero antes de apelar a él
se habían
agotado todos los medios, médicos y psiquiátricos para curar al chico,
en. presencia del cual se producían, según se informó también,
manifestaciones tales como las de una fruta saltando de encima de la
nevera de su casa y estrellándose contra la pared. El muchacho fue
llevado al hospital de la Universidad
de Georgetown, donde se estudió a fondo su dolencia, y al de la
Universidad de Saint Louis. Ambas instituciones pertenecen a los
jesuitas. Por último, los dos hospitales
católicos informaron que se veían incapaces de curar al chico por
medios naturales. Sólo entonces se recurrió a la cura espiritual. El
rito del exorcismo
fue iniciado por un sacerdote jesuita. Los detalles del exorcismo del
muchacho fueron descritos, en el mismo The Washington Post, por otro sacerdote jesuita, no por el
propio exorcista. El ritual empezó en Saint Louis, continuó en Washington y terminó en
Saint Louis. Durante 2 meses, el jesuita permaneció con el muchacho,
acompañándolo
en el tren a la ida y a la vuelta, durmiendo en la misma casa y, a
veces, en la misma habitación que él. Presenció muchas manifestaciones
iguales a las referidas
este mes por el pastor protestante en una reunión, el cual estuvo aquí
para estudiar el caso y, según se cuenta, dijo que era el fenómeno más
imponente de Poltergeist que había visto en todos sus años de famosas
investigaciones en este campo. El chico no se curó en seguida con el ritual del exorcismo. La
práctica de éste requiere unos tres cuartos de hora. Durante este
tiempo, el muchacho sufría
terribles arrebatos, blasfemaba, chillaba y pronunciaba las asombrosas
frases en latín. Pero, en definitiva, durante la última celebración del
rito, el muchacho
permaneció tranquilo. Y se ha dicho que desde entonces han cesado
todas las manifestaciones de la dolencia, como el extraño desplazamiento
de la cama en la habitación
y una vez en que la familia del chico vio que un cuadro salía
proyectado de la pared en presencia de aquél. A principios de este año
fue cuando unos miembros
de la familia del muchacho visitaron a su pastor y le contaron los
extraños sucesos que ocurrían en su casa de Mount Rainier desde el 18 de
enero de 1949. El ministro visitó la casa del chico y presenció algunas de las
manifestaciones. Pero aunque a primera vista parecían inexplicables,
como las raspaduras
en la pared en presencia del chico, había siempre la posibilidad –dijo–
de que el propio muchacho produjese de algún modo los ruidos. Siempre
impulsado
por su escepticismo, el pastor llevó al chico a pasar una noche, la del
17 de febrero, a su propia casa. Y allí, ante sus propios ojos, se
produjeron las dos manifestaciones
que, a su entender, estaban más allá de cualquier explicación natural.
En una de éstas, el jergón del chico se deslizó por el suelo, teniendo
él
las manos destapadas y rígido el cuerpo. En la otra, el pesado sillón
en el que estaba el muchacho sentado inmóvil, se inclinó y cayó, ante
los
asombrados ojos del pastor. Éste trató de hacer caer el sillón, estando
sentado en él, pero no lo consiguió. El caso produjo reacciones tales
como la de unos vecinos de la familia del muchacho, que rociaron con
agua bendita los alrededores de la casa. Según se dijo, el escepticismo
de algunos vecinos de Mount
Rainier se desvaneció de pronto cuando, después de haberse burlado del
asunto, invitaron al chico y a su madre a pasar una noche en sus propias
casas «no encantadas» y
vieron, asombrados, cómo se producían algunas manifestaciones ante sus
propios ojos, tales como las violentas y, al parecer, involuntarias
sacudidas de la cama del
muchacho. El artículo que acabamos de reproducir impresionó y movilizó a
W.P.Blatty, porque si había demonios, también, lógicamente, tenía
que haber un Dios y vida eterna. Pasaron los años, William Peter Blatty
se convirtió en escritor, y, según confiesa él mismo, pensó muchísimas
veces en este caso de posesión, que había alimentado su imaginación a
partir de 1949. Era un tema digno de una gran novela, por lo cual fue a
la redacción
del periódico, se interesó por el caso, pero no consiguió información
alguna. Blatty creía en la realidad de las posesiones demoníacas, e incluso
en su juventud creyó tener vocación sacerdotal y concibió la idea de
hacerse
jesuita, para lo cual estudió y se graduó en la Universidad Católica de
Georgetown, regida por los jesuitas. Pero, al fin, comprobó que no
tenía
vocación. El escribir una novela sobre posesiones demoníacas y
exorcismo fue para él como la compensación a una vocación frustrada. En 1963 concibió la idea de escribir el gran libro sobre las
posesiones diabólicas como tema básico, idea que fue cristalizando en su
mente a medida que
iba investigando y estudiando el tema de las posesiones y exorcismos.
Se lo tomó muy en serio, a juzgar por sus declaraciones: “Durante más de
veinte años
he leído todos los libros publicados en inglés acerca de estos temas, y
me considero el mayor especialista en esta materia en los Estados
Unidos y tal vez en el mundo.
No soy yo el único que opina así, pues también lo creen los jesuitas
que me conocen.” Blatty estudió toda la literatura existente sobre las posesiones
diabólicas, remontándose incluso a las fuentes de información de los
tiempos del
antiguo Egipto. De sus estudios sacó la conclusión de que el 90% de los
casos podían verosímilmente atribuirse a ftaude o ilusión, o a ambas
cosas a la vez, o bien a interpretaciones erróneas de síntomas de
psicosis, en particular de esquizofrenia paranoica o de ciertas
neurosis, especialmente histeria
y neurastena. También aclaró que el 80% de los supuestos posesos eran
mujeres. Este porcentaje tan desproporcionado sugería, como opuesta a la
posesión,
una vulgar afección llamada antaño “furor uterino.” Sus
descubrimientos explicaban el porqué de la obscenidad del lenguaje y el
comportamiento erótico-sexual que se manifiestan invariablemente y sin
excepción
en todos los casos de presunta posesión diabólica. Es evidente el
Síndrome de Tourette, Inhabitual perturbación neurológica sólo
recientemente
aislada y etiquetada, que se caracteriza en especial por una súbita y
aparentemente inmotivada e imprevisible aparición de un impulso
generalmente irresistible, a
pronunciar una interminable serie de obscenidades, de repugnante
grosería. Descubrió una sintomatología común en casos de posesión
separados
por el tiempo y el espacio así como de edad y sexo, pues mientras en
unos casos eran mujeres jóvenes, en otros eran viejos. Todas estas
investigaciones llevaron a
Blatty a una conclusión: en algunos casos, muy especiales, se daba
realmente la posesión demoníaca. Tan profunda y exhaustiva fue la investigación de Blatty, que un
famoso psicólogo, el doctor Alan Cohern, reconoció que algunos pacientes
habían estado “demoníacamente
obsesos,” o sea, que hablan llegado a una fase o nivel de posesión
diabólica. Este doctor se refirió a los casos de dos niños, de diez y
once
años, respectivamente, que estaban y cuya manifestación era “una voz o
ente interior” que les mandaba, ordenaba y dirigía. Los niños acabaron
por matar crucificado a otro niño, de tres años de edad, en San
Francisco, simplemente porque “su otro yo se lo había ordenado.” También
se supo que el doctor Wilson van Deusen –psicólogo jefe del State
Mental Hospital del norte de California– creía que muchos pacientes del
pabellón
de enajenados mentales de aquella institución estaban poseídos a tal
extremo que él mismo llegó, en ocasiones, a practicar un exorcismo
terapéutico.
En cuanto al psiquiatra Morton Prince, en una ocasión curó a una
paciente con un exorcismo oficial. El investigador buscó a los testigos oculares de los casos de
posesión, como el famoso psicólogo William Jarnes, que en Watseka,
Illinois, trató a
una muchacha posesa con cambio integral y radical de personalidad, la
cual se creía una tal Mary Roff, que tenía dieciséis años cuando murió,
unos años antes, en un manicomio. Incluso llegó a descubrir un caso que
trató el prestigioso psicólogo y psiquiatra Carl Jung: era el caso de
una niña
de quince años que se vio poseída por tres personalidades diferentes
durante más de un año, con una amplia producción de fenómenos
paranormales,
controlados y analizados por el propio Carl Jung y, por tanto, sin
posibilidad de fraude. Entre la lista de personalidades de la ciencia
que acabaron por declarar y reconocer la
existencia de la posesión podemos citar al psiquiatra de Milwaukee, el
doctor Alan Reed, quien dijo “que no descartaba la posesión como
explicación de
algunas formas extremas de trastornos psíquicos.” El doctor Walter
Brown, psiquiatra del Mount Sinai Hospital, de Nueva York, dijo que
“todo psicoanálisis
y la psicoterapia son formas de exorcismos.” Gracias a los jesuitas, supo que el 23 de abril de 1961, el padre
Joseph de Tonquedec, el viejo exorcista oficial de París y uno de los
más prestigiosos exorcistas
modernos, declaró que, con toda certeza, había presenciado e
intervenido en un caso auténtico de posesión diabólica y, probablemente,
en otros
dos casos más. Blatty visitó a numerosos jesuitas amigos con la
esperanza de que le presentaran a alguien que hubiese efectuado un
exorcismo, tal vez a un sacerdote
procedente de alguna misión extranjera, pues sabido es que los casos de
posesión son frecuentes en África y Asia. Sus investigaciones lo
llevaron ante el padre
jesuita Thomas Bermingham, profesor en Brooklyn y en St. Andrews on
Hudson, el cual había sido también profesor del propio Blatty en sus
tiempos de noviciado. El
padre Bermingham estaba muy cambiado: tenía cuarenta años y todo el
pelo blanco, y se decía que había sido a causa de un exorcismo. No
hablaba, rondaba
solitariamente por los largos paseos entre los árboles y tenía una
mirada apagada e inexpresiva. Este padre fue precisamente el que habló a Blatty de un jesuita amigo
suyo que había llevado a cabo un exorcismo, pero que no recordaba el
nombre. Se refería
al caso de posesión que el propio Blatty leyera el 20 de agosto de 1949
en The Washington Post. Rápidamente se dirigió a la redacción
del diario,
pero no encontró al periodista que había escrito el artículo, y nada
sabían allí sobre los nombres del muchacho poseso ni del exorcista que
llevó a
cabo el rito. Entonces Blatty se fue a visitar a otro jesuita, también
amigo suyo, que vivía en Los Ángeles, el cual pudo facilitarle el nombre
y la dirección
del tan buscado exorcista. William Peter Blatty escribió al exorcista, y éste le contestó con
otra carta, que reprodujo al final de la obra De la novela al guión.
Como es natural,
y para proteger el anonimato de los verdaderos protagonistas del hecho,
en esta carta se omiten los nombres propios. La lectura de esta carta
electrizó a Blatty, porque
al fin había dado con el caso que durante tantos años había buscado.
Volvió a escribir nuevamente al exorcista para que le dejara por lo
menos hojear
su Diario, con la promesa formal de no publicarlo, y de nuevo el viejo
exorcista se excusó aunque asegurándole que se trataba de una posesión
auténtica,
en la que se habían producido fenómenos paranormales. Ante, la imposibilidad de conseguir la información deseada, Blatty
tocó otros resortes entre sus amigos los jesuitas, y en 1952, un
sacerdote pidió ver el
Diario del exorcista en el archivo secreto de la archidiócesis de
Washington, y al entregárselo le contestaron: “Su Eminencia el cardenal
me ha encargado que
le informe que no desea que el caso de posesión del muchacho de Mount
Rainier sea discutido públicamente. Los padres del muchacho hicieron
petición formal
a este respecto. Y nosotros hemos tratado de librarlos, a ellos y al
muchacho, de toda publicidad enojosa.” Este
Diario del exorcista estaba bien guardado, pues había sido confiado a
otras dos personas que estaban en contacto con el chico, para vigilar el
curso de su recuperación,
y a los archivos secretos de nada menos que dos archidiócesis, pero de
algún modo, el original o una copia del mismo fue a parar al archivo de
un hospital, en donde
estuvo el poseso recluido durante algún tiempo y donde se realizó parte
del exorcismo. El tan buscado Diario del exorcista del caso de Mount
Rainier fue a parar a
manos de William Peter Blatty, quien, por fin, pudo leerlo y descubrir
lá identidad del muchacho poseso y su dirección, así como el desarrollo y
pormenores
de todo el caso de posesión y el correspondiente exorcismo, incluyendo
la producción de una amplia gama de fenomenología paranormal en
presencia de varios
testigos oculares. Una vez leído el Diario, Blatty declaró que era
exacto el artículo que en su día publicara The Washington Post, y sobre
el reciente y auténtico caso de posesión montó su famosa novela El exorcista.
La única persona en el mundo que sabe y ha publicado lo que ocurrió en
realidad en el caso de posesión diabólica de Mount Rainier es William
Peter Blatty, así como también es el único que sabe cuánto hay de
cierto en su novela y película respecto a este famoso caso. La figura del exorcista fue creada tomando modelo al
filósofo-paleontólogo jesuita Teilhard de Chardin, incluso con sus
flaquezas, confesadas por él. mismo,
que trabajó como arqueólogo en las ruinas de Nínive. Para calmar la
inquietud del verdadero exorcista, cambió la figura del muchacho poseso
por una
niña, así como los lugares concretos y personajes. El argumento de la
novela y del filme nos presenta a una niña posesa, una madre atea y un
sacerdote de poca
fe, que es llamado para el exorcismo. La madre busca ayuda
psiquiátrica, y como la ciencia no encuentra una explicación lógica y,
además, la niña
comete un asesinato, empujada por un ser interior que la domina, la
madre recurre a la Iglesia católica para que la exorcicen, al objeto de
tener un poderoso argumento psicológico
y emocional para librar a la niña de la cárcel; pero resulta que la
niña, realmente posesa, origina una serie de fenómenos paranormales, por
lo que,
al final, son designados un exorcista y un ayudante, y los dos llevan a
cabo el rito que determina la muerte de ambos en horribles
circunstancias. Este es, a grandes rasgos, el
argumento de El exorcista. Según manifestaciones de Blatty, en el caso de posesión de 1949 no
hubo asesinatos ni muertes, si bien los dos sacerdotes que intervinieron
sufrieron graves lesiones,
y uno de ellos, durante varias semanas, tuvo que levantar el cáliz con
una sola mano al decir misa. También era cierto que el muchacho poseso
era, capaz de recitar
como un loro varias palabras, e incluso frases en latín, y que siempre
sufría furiosos ataques cuando el exorcista decia palabras con las que
empieza el primero de
los severos conjuros del ritual católico del exorcismo, pero este
fenómeno puede atribuirse a la agudizada acción intelectual
inconsciente, a veces cincuenta
veces superior a la normal y que, como dijo Jung, es una posible
concomitancia de ciertas formas de histerismo. La furia era provocada
por el tono súbitamente fuerte y autoritario
que la Iglesia católica recomienda que se utilice en sus Instrucciones a
los exorcistas, para hacer los conjuros. El exorcista exigía frecuentemente a la “inteligencia
extraña” que dominaba el cuerpo y mente del muchacho, una respuesta en
latín a
ciertas preguntas ordenadas por el ritual, como, por ejemplo: “¿Cómo te
llamas? ¿Cuándo te marcharás?,” etcétera, y, en cierta
ocasión, el “ente demoníaco,” protestó diciendo: “Yo hablo la lengua
de las personas.” Curiosamente, una declaración idéntica
a ésta se produjo en dos casos más de auténtica posesión, y fue
explicada por los propios “entes poseedores” como debido a la falta, en
el cuerpo de sus anfitriones, de las formaciones musculares, en el
aparato físico de la fonación, que se desarrollan con el empleo del
lenguaje, y en estos dos casos
a los que me estoy refiriendo, el poseso podía hablar indistintamente
en inglés, francés, alemán y latín, que son precisamente los idiomas que
conocen y hablan correctamente los jesuitas recién salidos de su
Instituto. Entre los fenómenos paranormales que se produjeron en el caso de
Mount Rainier tenemos la levitación de una mesilla de noche que se
encontraba junto a la cama del
poseso en el hospital. Esta levitación pudo ser bien observada por el
profesor de Física de la Universidad de Washington. También aparecían
repetidamente
marcas, sefíales, letras y palabras, que surgían de una manera
espontánea y sin causa aparente, en distintas partes de la piel del
poseso. Muchas veces eran
palabras claramente diseñadas en simples caracteres rojos, por lo
general, de poco más de 51 milímetros de altura; en otras ocasiones eran
símbolos,
y, a veces, representaciones pictóricas. Una de las palabras más
significativas que aparecieron era spite, que en castellano
significa odio. Uno de los símbolos
era una flecha, que apuntaba directamente a los órganos sexuales
masculinos del poseso. Y entre los dibujos, clarísimos, apareció una
imagen de una cara satánica.
De entre toda esta variedad de marcas, las que aparecían más
frecuentemente y que alarmaban a los que cuidaban al poseso, eran unas
largas rayas, que emergían
con fuerza y acababan por romper la piel del muchacho, con la
correspondiente salida de sangre, dando la extraña sensación de que el
chico había sido arañado
con unas místeríosas púas de una pequeña horca invisible, o quizá por
una garra satánica. Estas señales, que aparecían en el cuerpo del muchacho, pudieron ser
observadas repetidamente y con gran claridad, porque el muchacho sólo
llevaba puestos
unos calzoncillos, y el resto del cuerpo, desnudo. No había tampoco
cubrecamas, las manos permanecían a la vista de todo el mundo y él
estaba aislado, por
lo cual nada ni nadie podía hacer aquellas marcas. En cierta ocasión
apareció una de las marcas en la cara interna de un muslo, y desde aquí
se extendió hasta
el tobillo. El muchacho sangró entonces abundantemente. El fenómeno se
produjo a tan sólo unos centímetros de distancia del exorcista, sus
ayudantes
y demás científicos que le observaban. La duración de estas señales
variaba, permaneciendo grabadas sobre su piel, en una ocasión, durante
más
de cuatro horas, la palabra spite. Tanto en la novela como en la película, Blatty cambió la levitación
de la mesilla de noche del hospital por la levitación de la propia cama
de la
posesa. Otros fenómenos paranormales tomados del caso real fueron las
raspaduras en la pared, los ruidos misteriosos en la habitación, es
decir, los clásicos
Poltergeist, las manifestaciones menores de la telecinesia, tales como
un cajón que salía de su armario y caía al suelo; las levitaciones y
vuelos de varios
objetos y muebles por la habitación; las misteriosas marcas que
aparecían impresas en la propia carne del poseso; la transformación de
la voz en cavernosa
y gutural, con inflexiones satánicas; extrañas habilidades psíquicas
del poseso, hiperdinarnismo o superfuerza paranormal; las metamorfosis y
rugido propios
de una bestia salvaje; los increíbles salivazos que, con potencia e
inaudita puntería, dirigía a los exorcistas, incluso con los ojos
vendados; los fenómenos
de tipo de percepción extrasensorial, clarividencia, precognición, etc. Blatty tomó de otros casos de posesión el fenómeno de la
transformación de la cara, de la horrible lengua pastosa y alargada,
característicos
de cierto tipo de trastornos histéricos, el terrible frío en la
habitación, las sacudidas en la misma, el agrietamiento del techo, etc.,
así como unos
cuantos fenómenos más de tipo paranormal, de menor importancia y algo
ambiguos. El fenómeno de la vuelta de la cabeza sobre el cuello fue
extremadamente acentuado
en la película, en que giró 180 grados. No ocurrió en el caso de Mount
Rainier, pero sí en otros casos de posesión e histerismo. En efecto, se
han observado casos en los que el poseso fue capaz de realizar las más
increíbles contorsiones, llegando al extremo de doblarse hacia atrás,
hacerse una auténtica
bola y tocar los pies con la cabeza; y todo ello sin lanzar ningún
grito de dolor, como si fuera 1a cosa más normal del mundo. En la película, la posesa reacciona como los endemoniados. También
son auténticos las descripciones de los ritos de la misa negra y los
demás aspectos
del libro relacionados con el satanismo y la posesión diabólica.
Incluso hay en la obra una prueba de la existencia del poder del Mal y
la intervención del
mismo en los actos humanos, de una inteligencia maligna inconcebible;
la escena de la masturbación de la chica con un crucifijo es una acción
que tanto en la obra
literaria como en la vida real, hace que una persona atea busque una
interpretación religiosa del acto. Blatty
cree en la posesión demoníaca, y respecto a ello ha declarado
personalmente que un 97 ó 98% de los casos llamados fácilmente de
posesión,
no son más que trastornos psíquicos, para los cuales la ciencia tiene
una explicación satisfactoria. Sin embargo, queda un 2 o 3% que son
casos reales de posesión
diabólica. Opina que se ha adelantado muy poco en el estudio de estos
fenómenos: “Psiquiátricamente no se sabe hoy más de lo que se sabía
en 1921 sobre el fenómeno de las posesiones demoníacas, su naturaleza y
las causas por las que se producen.” Estos fenómenos son tributarios no
sólo
de la psiquiatría, sino también de la psicología y, muy principalmente,
de la parapsicología, puesto que en ellos se producen precisamente
fenómenos
paranormales.
LA MALDICIÓN DE EL EXORCISTA
Aunque pueda parecer increíble, una aparente maldición se cierne
sobre las personas que en algún momento y de alguna forma han tenido
algo que ver con el
tema de El exorcista. El propio Blatty ha confesado que ya
cuando escribía los últimos capítulos de la novela vivió una
interminable serie
de extrañas y misteriosas experiencias que le hicieron dudar de su
integridad mental. En gran parte atribuye a autosugestión lo ocurrido,
si bien reconoce que le
han pasado ciertas cosas para las cuales no encuentra una explicación
racional y cree que son verdaderas manifestaciones de “entes
desconocidos.” También al equipo que filmaba El exorcista le currieron unos
sucesos extraños que, por una serie de motivos comerciales, no les han
permitido hacer públicos.
Por ejemplo, la noche en que se inició el rodaje de la pelícuua,
inexplicablemente empezaron a arder los estudios cinematográficos de la
Warner en Hollywood.
Quizá fue una coincidencia, lo mismo que el hecho de que Jack MeGowran,
actor que interpretaba un importante personaje en la película y que
murió, al fin,
en ella, acabó muriendo en realidad poco después de haber finalizado el
rodaje de la película. Otra “coincidencia”: el jesuita Tom Bermingham,
consejero técnico de la película, tuvo que ser hospitalizado
urgentemente, ya que le apareció un tumor en su brazo y hubo que
extirpárselo. La joven Linda Blair que estaba encinta, fue violentamente derribada
por su caballo favorito. Además de correr gran riesgo físico, perdió el
hijo, lo cual
le causó el consiguiente trauma, que dejó ciertas secuelas en su
equilibrio psicofísico. Por otra parte, en la versión teatral de la obra
estrenada
en el “Teatro Comedy” del West End, en Londres, el papel de posesa lo
interpretaba la bella actriz Mary Ure, la cual murio la misma noche del
estreno, después
de la representación, en misteriosas circunstancias, no aclaradas
todavía. La actriz representaba el papel de una posesa en la que había
penetrado el espíritu
de un muerto. Durante la representación se tiraba al suelo, se
desvanecía unos segundos, volvía en sí ya posesa; tanto por su voz como
por sus gestos,
se veía que dentro de ella se hallaba otro espíritu que gritaba,
aullaba, se transformaba en una bestia salvaje. La noche del estreno,
los espectadores del “Teatro
Comedy” se estremecieron al oírla hablar con aquella voz tan
diabólicamente maligna, de ultratumba. Según dijeron los críticos,
“jamás
había salido antes de su garganta un tono de voz semejante,” opinión en
la que coincidieron sus mismos compañeros, quienes la felicitaron por
haber “vivido” tan
extraordinariamente su papel de posesa demoníaca. A la mañana
siguiente, a eso de las once y media, fueron a buscarla a su apartamento
y la encontraron muerta. Estaba
tendida en la cama, con síntomas de haber vomitado. Su rostro había
perdido toda su belleza y mostraba una horrible mueca. Llamado el
médico, la examinó y
certificó que había muerto por asfixia a causa de los vómitos, que le
sobrevendrían cuando dormía. Sea como fuere, los forenses no han dicho
por ahora su última palabra. Su muerte es un enigma, y sabemos
extraoficialmente que se encuentran ante uno de los casos más difíciles
de determinación
del origen de la muerte. Sea como fuere, lo cierto es que Mary Ure se retiró a su casa á las
tres y media de la madrugada, y ya nadie más la volvió a ver con vida.
Según
parece, la muerte le sobrevino tras un violento ataque de “extraños
vómitos”, cuyos restos fueron encontrados junto a ella, y todavía no hay
una
explicación oficial y plausible que aclare tan misteriosa muerte.
¿Quizás estaba realmente posesa?